Estudiar humor es diseccionar un sapo: se muere en cuanto empiezas [Columna] [por Andrés Mendiburo]

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Estudiar humor es diseccionar un sapo: se muere en cuanto empiezas.

por Andrés Mendiburo

 “Dime qué estudias y te diré de qué adoleces”. Yo estudio humor y esa frase me la dijo un compañero cuando le dije que mi tesis iba a ser sobre humor. Este simio me hirió con su frase, pero con el tiempo me he dado cuenta de que algo de razón tenía (aunque mantengo que es un simio).

Quise empezar con esa oración porque tenía ganas de insultar a mi compañero, pero además porque tiene relación con un artículo que se publicó hace poco en el especial “Humor and Laughter, Playfulness and Cheerfulness: Upsides and Downsides to a Life of Lightness” del journal Frontiers in Psychology. Este especial se ha centrado en presentar investigación empírica sobre el humor en diferentes ramas relacionadas con la psicología. Hay buenos experimentos, como uno que publiqué yo, y otros que no por ser de otros autores no valen la pena.

El artículo en cuestión (“Broadening Humor: Comic Styles Differentially Tap into Temperament, Character, and Ability”) es escrito por gente relevante en el estudio de la personalidad y el humor. ¿Qué se propone en el artículo? Básicamente hacer algo que a la psicología le ha sido imposible: definir el humor y generar un factor de medición que permita identificar estilos de humor. Chan, paf, pum, no fácil.

La psicología busca seguir el método científico y enmarcarse en la lógica científica. Eso no es fácil, sobre todo porque lo que nosotros medimos no existe. La inteligencia no existe. El auto estima no existe. Lo que existe son manifestaciones de estos constructos, como es por ejemplo su habilidad para solucionar problemas mentales o su respuesta ante preguntas sobre sí mismo. ¿Y el humor? Bueeeeeeno. ¿Qué es el humor? Bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeno. La verdad, no tengo idea y dar una definición de una línea no es fácil. Es humor es plástico y se ha ido expandiendo en su definición.

Lo que se suele hacer en psicología, así como en otras ciencias, es proponer modelos teóricos y luego ver si se contrastan en la realidad. Lo que hicieron los autores de este artículo fue eso: crearon un modelo teórico y trataron de observar si la realidad era parecida a eso. Su modelo teórico (aún en construcción, según me comenta el autor principal) propone diferentes estilos cómicos (no estilos de humor) que la gente puede utilizar. Vale decir, parte de la base -al igual que otros modelos (como el de Rod Martin) – de que todos usamos “humor” de diferentes maneras. No se trata de “ser gracioso” o “tener sentido del humor”. Se trata del humor que se aprecia y que se genera. Todos echamos una talla. Algunos, como yo, echamos malas tallas (pero somos increíblemente sexys).

Los estilos que proponen estos autores salieron de la literatura y fueron presentados por Schmidt-Hidding. Ellos se separan de la siguiente manera:

– Estilos “oscuros”: Se basan en la idea del ridículo. Aquí caben el sarcasmo (humor hostil para dañar a otros), el cinismo (enfocado en atacar valores socialmente reconocidos y en mostrar las debilidades del mundo), la sátira (no sólo busca el demostrar las debilidades, sino que también mejorar al mundo y “enderezar” el camino) y la ironía (que busca crear una idea de superioridad ante otros diciendo cosas de manera diferente a lo que se quiere decir

– Estilos “luminosos” (horrenda forma de llamarlos): Aquí tenemos a la diversión (que busca crear ambiente buena onda, de camaradería, con tallas simpáticas), al humor (también llamado “humor benevolente”, el cual busca ver con alegría y simpatía las incongruencias de la vida y las imperfecciones del mundo y de las personas) y el sinsentido (que busca lo ridículo y lo que no tiene un objetivo o una definición clara).

Hay un octavo estilo cómico que tiene elementos de ambos lados: el ingenio. Éste se refiere a esa respuesta inteligente, esa capacidad de encontrar la repuesta correcta y graciosa a una pregunta, el remate genial para una frase que podría ser una frase cualquiera.

¿Qué encontraron con este modelo? Que funcionaba y que era muy cool. Pero otras cosas interesantes también. Por ejemplo, las mujeres usan menos todos los estilos excepto el “humor” (lo que se ha visto en otros estudios de sexo y humor). Las personas más jóvenes tienden a usar más los estilos oscuros y el estilo “diversión”, a la vez que usan menos los estilos “luminosos” y el ingenio.

La inteligencia verbal es la única que se relaciona con un estilo (ingenio), pero las personas que creen ser más inteligentes verbalmente, usan más el estilo “humor”, así como también el ingenio.

La escala creada para estudiar este modelo está actualmente siendo adaptada, validada y aplicada en Chile por mí y espero no fracasar en ello.

 

 

 

 

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