¿Qué significa estudiar el humor? [columna] [Por Karina Santos Lara]

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¿QUÉ SIGNIFICA ESTUDIAR EL HUMOR?

Por Karina Santos Lara

La academia está en deuda. Los teóricos, “pensadores” e investigadores chilenos, continúan siendo intelectualmente colonizados no sólo por teorías occidentales (en su mayoría), sino además les interesa aquellos temas que se están hablando “a nivel mundial” o dicho de otro modo, están reproduciendo a nivel local pomadas que otros propusieron como interesantes y dignas de estudiar.

Puedo entender nuestra baja autoestima y la posible (y penosa) obnubilación frente a la –no cuestionable– magistralidad de teóricos y filósofos; Sin embargo, lo que no entiendo es que cuando surge una idea diferente, o al menos nueva para el contexto, ésta sea subestimada. Les pregunto ¡¿por qué?! ¿La experiencia humorística ha sido tan banal en ustedes que no concita vuestro interés? O ¿En sus vidas reboza el humor que no vale la pena hablar de aquello que les sobra? (Claro está que es lo que me falta).

Cuando me inicié en esto de estudiar el humor, lo hice para titularme de Licenciada en Comunicación Social (Periodista) y gracias a Maximiliano Salinas, historiador chileno que en esa época investigaba el humor en la cultura popular, aprendí a confiar en ideas nuevas y –por sobre todo– a intentar dialogar y persistir con ellas.

Afortunadamente, mi tozudez ha sido más fuerte que el deber ser y que las líneas de investigación de mis profesores que nunca (sólo dos) entendieron que mi interés no estaba en una disciplina particular (teoría y método), sino en el fenómeno mismo, en la complejidad que tiene el humor para manifestarse.

Entonces ¿qué significa estudiar el humor? Significa estar en una constante reflexión de lo que somos como seres humanos; de la manera en que nos comunicamos, criticamos, divertimos, interpretamos la propia existencia y posibilidades; significa estar atentos a las seducciones cómicas de toda índole: intelectual, comercial, estratégica, sexual… Estudiar el humor, significa entrar a las bases filosóficas de nuestra condición de humanos y seres sociales; es transitar por la línea que se va dibujando entre lo permitido (nuestros límites) y la fuerza con que el humor tensiona esas ideologías.

Significa ver la cara de asco e incredulidad de los seriotes y la cara de emoción de los buenos pa’l güeveo; significa estar dispuesta a escuchar la estúpida petición de “cuéntate un chiste” o de recibir, con todo el cariño –no es una ironía– un chiste de quienes osan ser chistosos (y que poco están de serlo); significa estar dispuesta a comprender no sólo la incongruencia de lo chistoso, sino las causas, consecuencias y motivaciones que lo provocan.

Estudiar el humor significa estar meando fuera del tiesto, por lo tanto, significa rezarle a todo santo posible para parar la olla.

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